Dan fin a 33 años de exorcismos en La Plata

viernes, 7 de agosto de 2009

Después de "33 años, 4 meses y 20 días", según calculó el sacerdote con rigurosa precisión, el padre Carlos Mancuso deja la iglesia San José. Conocido por sus exorcismos y requerido por sus famosas sanaciones a través de la imposición de manos, ya con 75 años debe cumplir con la organización canónica que exige a los religiosos retirarse a esa edad de la conducción parroquial. El domingo, a las 10.30, oficiará su última misa en el templo de 6 entre 64 y 65.

"A los 75 años tenemos que renunciar para dejar que vengan sacerdotes más jóvenes, con nuevos impulsos y más vitalidad, a dirigir las parroquias. Pero no es una jubilación, sino un retiro", explicó con algo de resignación por alejarse de esa comunidad de feligreses pero también con el entusiasmo de emprender un nuevo camino, que incluye el proyecto de escribir sobre su larga experiencia en exorcismos y vivir, por primera vez, en una casa propia, según informó ayer diario El Día.

Nada menos parecido a una jubilación será la nueva etapa en la vida de Mancuso. El cura, nacido y formado en La Plata -donde desarrolló la mayor parte de su actuación sacerdotal-, seguirá como capellán del Colegio Eucarístico; confesor del monasterio de las Carmelitas, del Seminario Mayor San José y de la Casa del Padre Pío; y canónico de la Catedral, a cargo de las confirmaciones. Además, atenderá los lunes y viernes, a las 16, en la parroquia San Francisco (12 entre 68 y 69). Ese será el ámbito en el que a partir de ahora recibirá a los enfermos, a quienes dicen estar poseídos y necesitar un exorcismo y a los fieles con crisis espirituales.

Visitado por un sinfín de católicos de distintas partes del país, muchos son los que aseguran que han encontrado en el padre Mancuso el alivio de la exorción del mal. No obstante, el religioso afirmó en una charla con EL DIA que han sido "muy pocas" las prácticas para sacar al demonio del cuerpo. "El 90 por ciento de las personas que vienen a mí diciendo que están poseídas tienen las facultades mentales alteradas -confió-. Por eso apelo a lo que sé de psiquiatría. Utilizo la palabra, las escucho, las diagnostico y muchas veces las derivo a un especialista médico. El trabajo más difícil del sacerdote es el del discernimiento; alcanzar a saber cuál es la causa del problema".

Según evaluó el religioso, son más en su lista los casos de cura de enfermedades, a la que llega con la imposición de manos y las bendiciones. Con alegría recordó el cuadro de un bebé de 22 días, de la capital federal, que llegó a sus brazos hace unos meses. "Tenía una fibrosis quística -contó-. Imposible hasta ahora de controlar con la medicina. Después de mis palabras, esa noche expectoró, vomitó, largó todo el mal que tenía adentro y al otro día amaneció como un niño sano".

Este es tiempo de despedidas para el padre Mancuso. El sábado pasado fue agasajado por la comunidad de la parroquia San José. Unas 120 personas se reunieron en el templo y le expresaron su respeto y cariño. También son días de algún estrés, de embalar cientos de libros de religión, psiquiatría, psicología y parapsicología; ninguno de los temas que pueden faltar en su inmensa biblioteca. "Me cuesta irme por lo afectivo, pero más sufro por el trabajo de la mudanza, que a esta edad requiere de un esfuerzo particular", concluyó el cura con el humor que siempre lo ha caracterizado.

Carlos Alberto Mancuso nació el 8 de febrero del 1934. Se crió y educó en Los Hornos, concluyendo el secundario a los 16 años en el Seminario Menor de esa localidad platense. Se ordenó como sacerdote el 8 de julio de 1962 en el Seminario Mayor San José y hoy, a pocos días del retiro, suma 47 años de actividad parroquial. Antes de su prolongada función en la iglesia San José fue teniente cura (así se denominaba el cargo en sus primeros años de ministerio) en la Catedral platense; en Nuestra Señora de los Dolores, en la ciudad de Dolores; en Nuestra Señora de la Merced, de Chascomús; y en Nuestra Señora del Socorro de La Plata.

"Posesiones demoníacas"

"Cuando me preguntan por qué se me ocurrió dedicarme a los exorcismos respondo que realmente es algo que nunca se me ocurrió. Cuando uno decide ser sacerdote espera bendecir matrimonios, bautizar, oficiar misas para llevar la palabra de Dios y ayudar a la gente con sus problemas espirituales. Pero sucede que luego se encuentra con una realidad, con personas inocentes que sufren porque tienen posesiones demoníacas y alguien tiene que hacer el trabajo de sacarles el mal que llevan adentro", dijo el padre Mancuso.

El cura que supo escuchar

Por FACUNDO BAÑEZ (El Día)

Detrás de sus lentes, Carlos Mancuso aún conserva esa mirada campechana y paciente que lo distinguió a lo largo de toda su carrera sacerdotal. Cuando habla, el padre Mancuso transmite calma y la sabiduría de un feligrés que recorrió varios caminos, y cuando cualquiera lo interroga sobre los exorcismos que realizó a lo largo de sus años, su respuesta suele ser la misma: una sonrisa de querubín alegre y la frase entre resignada y cortés de siempre: "Lo más importante es saber escuchar". Eso lo dijo una tarde en la tranquilidad de su ahora ex parroquia San José, en 6 y 64. Era octubre y se preparaba para la misa de las ocho. Un rato antes, recibió a este cronista con la excusa de hablar sobre posesiones diabólicas pero terminó hablando sobre la infinidad de cuadros psiquiátricos que había tenido que atender a lo largo de su vida. Habló de psicosis, de esquizofrenia y hasta de severos cuadros de personalidad dividida. Así fue el padre Mancuso cuando le tocó estar al frente de la parroquia San José. Le gustaba escuchar pero también hablar. Y compartió sus conocimientos psiquiátricos con la misma pasión con la que habló una y mil veces sobre sus creencias teológicas. "Uno puede saber muy bien que quien lo busca no necesita un exorcista sino un psiquiatra -dijo aquella vez-, y tal vez por eso hay que tratarlo todavía con más cuidado. Lo peor que puede hacer un sacerdote es dejar de escuchar. No importa si el que está enfrente sea o no un poseído. Es una persona que necesita decir algo. Y para eso estamos nosotros: para saber escuchar. Para el resto, hay que saberlo, siempre está el Señor".

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