Tristísima despedida a Coqui

sábado, 5 de septiembre de 2009

Esta mañana fueron inhumados los restos de Luciano Gravellone, "Coqui", joven periodista platense que trabajaba en el Diario Hoy. Coqui fue un buen profesional del periodismo, una gran persona, un muy buen compañero y un cultivador de la amistad, como quedó claro ayer, cuando decenas de personas se acercaron a despedirse. Coqui nos dejó y quedó un gran vacío no sólo en la redacción de Hoy. También fue recordado por Diagonales, medio en el que trabajan ex compañeros y grandes amigos de Coqui. En su Facebook, no cesan los mensajes de afecto y recuerdo a uno de los periodistas más queridos de la ciudad.

Así es la despedida que publicó el diario Hoy:

DOLOR POR LA PARTIDA DE COQUI

Dueño de inquebrantables convicciones, Luciano -en realidad, Coqui- era uno de esos muchachos de los que se puede ser muy o simplemente amigo, pero jamás enemigo.

Profesionalmente sólido y humanamente brillante, transitó por el periodismo de la misma manera en que lo hizo por la vida: siempre de frente, jamás de atrás, y con una inigualable predisposición al diálogo.

Coqui llegó al diario Hoy cuando ambos eran muy jóvenes, prácticamente niños, y edificó una carrera a la que se sabe intachable. Como la gran mayoría, hizo sus primeras armas en Deportes, y fue acumulando responsabilidades hasta que, hace sólo unos meses, asumió la conducción de la página web (herramienta clave en la nueva era de las comunicaciones).

Antes había quedado a cargo de la edición impresa de los domingos, y siguió ejerciendo ambas funciones, en virtud de su capacidad. Aunque jamás se le escuchó decirlo, Coqui era un periodista completo, ya que había pasado por las diferentes secciones, incluida
Interés General, a la que lo ataba un fuerte lazo afectivo. “Yo soy de IG”, solía decir, y así lo acreditaba su agenda, una de las más ricas del periodismo platense.

Rápido de reflejos y sagaz con las preguntas, relucía en cada momento la educación que había mamado desde la cuna, en su querida Tolosa. Era el que les daba la bienvenida a los nuevos -para ayudarlos a quebrar el hielo de la redacción-, el que se hacía a un lado para dejar pasar a las damas, y el que siempre tenía tiempo para atender a los lectores, aun en el vértigo del cierre. Era, lo que se dice, un caballero.

Admirador del Che Guevara e hincha fanático de su querido Gimnasia, Coqui tuvo una corta pero intensa vida; fue un flaco -como a él le gustaba decir- que le rindió culto a la amistad, y es por eso el profundo dolor que ha causado su partida.

Llegó al éxtasis con el tercer gol a Rafaela y se amargó cuando tuvo que hacerlo: siempre de frente, jamás de atrás, con la misma actitud que le permitió andar altivo por la vida, sin la obligación de tener que rendirle cuentas a nadie.

Sin resignar los encuentros con amigos, Coqui había comenzado a cambiar. Ya no fumaba y había dejado atrás su etapa de porteño, para recalar nuevamente en La Plata. En eso estaba cuando llegó ese maldito 4 de septiembre.

Coqui -Luciano Gravellone- murió como había vivido: rodeado de amigos. Tenía 32 años y un enorme futuro por delante; no tenía hijos, pero lo lloraron los hijos de sus amigos. Aun sin proponérselo, dejó varias enseñanzas. Demostró que se puede ser feliz en medio de las presiones, que se puede ser campeón sin necesidad de serlo, y que se puede ser compañero -sin dudas, el mejor- cuando se ejerce un cargo jerárquico. Coqui ejercía un liderazgo natural y era el periodista más consultado de toda la redacción.

Dejó una familia desconsolada y una página inconclusa; brillante, es cierto, pero inconclusa. ¿Por qué él? ¿Por qué?

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Sólo escuche hablar de él y al leer esta nota se me llenan los ojos de lagrimas.