Manuel Ugarte y los medios de comunicación

jueves, 30 de julio de 2009

Por Alfredo Silleta - Diario Diagonales

Tienen el poder. Si quieren, pueden hacer desaparecer (con toda la carga que eso implica en este país). Los medios de comunicación, a través de la historia, deciden quién existe y quién no existe. Quién es y quién desaparece.

El año pasado, los medios decidieron que el periodista Nelson Castro había sido censurado, que estaba en riesgo la libertad de prensa porque Radio del Plata no le había renovado el contrato. Dos meses más tarde, Castro era contratado por Radio Mitre.

Poco tiempo después, el periodista Orlando Barone se fue de radio Continental asfixiado por el grupo Prisa y sus socios del monopolio sojero. Ningún medio de comunicación dijo nada. Hace pocos días, las autoridades de Continental no le renovaron el contrato a Alejandro Apo aludiendo "diferencias económicas". En realidad, el conductor de Todo con afecto, el programa donde intercalaba poesía y futbol defendió el proyecto de Ley de Medios y no participaba del furioso anti-kirchnerismo de sus colegas de la radio. Nadie dijo nada. Ayer, con Nelson Castro, el motivo era "censura"; ahora, con Apo, sólo "diferencias comerciales".
Apo y Barone, para esos medios, ya están desaparecidos.

No hay que sorprenderse. En realidad, los grandes medios de comunicación decidieron siempre, en la historia nacional, cuándo un periodista o un gran escritor tiene que desaparecer. El ejemplo más contundente se produjo con Manuel Ugarte, un gran pensador, escritor y ensayista reconocido en toda América Latina y anulado durante décadas en la Argentina por pensar diferente al establishment.

Manuel Ugarte nació en una familia acomodada en 1875, estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires, frecuentó el Jockey Club, escribió poesía, cuentos, colaboró en el diario La Nación y se había integrado al Partido Socialista de Juan B. Justo. Como todo joven acomodado se instaló en París y publicó su primer libro de relatos, Paisajes parisienses, en 1901, con prólogo de Miguel de Unamuno. Fue respetado y cultivó amistades con Rubén Darío, José Vasconcelos, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Alfonsina Storni y Pío Baroja, entre otros intelectuales. Gabriela Mistral lo llamaba "El maestro de América Latina".

Hacia 1910, comenzó a recorrer América Latina. Se enamoró de la revolución mexicana, apoyó a todos los movimientos insurgentes de América Central y denunció abiertamente al imperialismo inglés y sus socios norteamericanos. Fue el primero en hablar del socialismo nacional y de la unidad latinoamericana. Mantuvo una comunicación franca, de ida y vuelta permanente, con Haya de La Torre, con José Carlos Mariátegui, con Augusto César Sandino.

El 1915, por sus ideas latinoamericanistas, fue expulsado del Partido Socialista de Juan B. Justo. Editó, en 1915, el diario La Patria, donde defendió la industria nacional, se opuso al imperialismo y bregó por una reforma cultural. Cuestionó al país agropecuario y el diario La Nación, sabedor de dónde apuntar sus dardos, dejó de publicarle sus artículos. Para Ugarte, comenzaba la condena del silencio en su propio país.

Decidió, entonces, recorrer una vez más América Latina. Y publicó, en 1923, una obra fundamental: El destino de un continente.

En 1946, el gobierno argentino reconoció su papel preponderante en la lucha por una América Latina libre y lo nombró embajador en México, después en Nicaragua y, finalmente, en Cuba. En 1950, renunció por diferencias con el canciller. Murió en Niza en 1951, olvidado y pobre.

Dos años después, el joven trotskista Abelardo Ramos le editó el primer libro en el país: El porvenir de América Latina. En noviembre de 1954, los restos de Ugarte fueron repatriados y se conformó una Comisión de Homenaje. En el acto, hablaron John William Cooke, Rodolfo Puiggros, Abelardo Ramos y Carlos María Bravo. El establishment oficial siguió ignorándolo hasta en su último homenaje.

Muchos años después, en 2003, el dramaturgo Pedro Orgambide lo recordó así: "No fue profeta en su tierra. Es, aún, el gran olvidado del pensamiento político argentino. En cambio, sus ideas impulsaron la acción de hombres como el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre o el nicaragüense Augusto César Sandino. Su nombre es citado con frecuencia en otros países de América latina, pocas veces en la Argentina".

Los medios tienen el poder. Siempre lo tuvieron. Los que no piensan como ellos, no tienen el mismo derecho que los demás para aparecer en sus páginas, en sus pantallas, en su aire. Pero ahora no es momento de desapariciones. Al contrario, es momento de empezar a pensar al revés. Y aparecer.

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