* Por Alfredo Silletta
Dos semanas antes del golpe militar de marzo de 1976, el gobernador chaqueño Deolindo Felipe Bittel había asumido la vicepresidencia del partido Justicialista. Durante un tiempo estuvo detenido, pero hacia 1977 comenzó a circular por Buenos Aires para ocuparse de pedir por la liberación de la ex presidenta y otros presos políticos. Lo acompañaban en la conducción del PJ Vicente Saadi, Herminio Iglesias, Miguel Unamuno, Antonio Cafiero y Julio Bárbaro.
El 6 de septiembre de 1979, luego de una gran presión internacional y del entonces presidente norteamericano James Carter llego al país Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. La dictadura monto su burda campaña "Los argentinos somos derechos y humanos" en radio y televisión para presionar a la Comisión Interamericana. Pero las Madres, las Abuelas, Familiares de Detenidos-Desaparecidos y cientos de argentinos más decidieron no someterse a las órdenes de la dictadura y realizaron largas colas para presentar su denuncia sobre la desaparición de un familiar. La Comisión se encargó de visitar cárceles, entrevistarse con políticos, sindicalistas y recibir a familiares de desaparecidos. Como respuesta, el general Videla señaló que sólo hubo "algunos excesos". Albano Harguindeguy, ministro del Interior, expresó que "la Argentina sólo se confiesa ante Dios".
Los partidos y los políticos se hicieron presentes con sus denuncias, pero ninguno emitió comunicados. Sólo el Justicialismo hizo público un duro documento sobre las violaciones sistemáticas a los derechos humanos y a la doctrina de la Seguridad Nacional. El documento que llevaba las firmas de Deolindo Bittel y Herminio Iglesias fue entregado a la Comisión de la OEA el 12 de septiembre. Nadie más, dentro de la cúpula del peronismo, se atrevió a firmarlo. El mismo Bittel se escondió durante un tiempo en su Chaco natal ante el pavor de represalias por parte de los militares.
Fue un texto sin precedentes para la época. Así lo demuestran algunos párrafos:"Nosotros, hombres del justicialismo, no hemos de permanecer impasibles, no haremos de nuestro silencio una conducta. Sentimos un imperativo, producto de nuestras convicciones y de nuestra larga y dura militancia en la causa de la Patria. En consecuencia, el dolor de una Madre es nuestro dolor, el dolor de un hijo es también nuestro; al que le falte pan y no le permiten decir lo que le falta, se hará voz en nuestras voces. Todos se harán voz en nuestras voces. Y esto nos compromete a asumir el dolor de aquellos que padecen la cárcel, a través de 'actas', 'decretos', o 'bandos' en las prisiones, embajadas, domicilios y confinamientos, y de los que padecen -y son millones- este exilio interior de la represión, el silencio y el hambre."
"El justicialismo denuncia el encarcelamiento, vejación y persecución de tantos que padecen las llamadas 'actas'. La muerte y/o desaparición de miles de ciudadanos, lo que insólitamente se pretende justificar con la presunción del fallecimiento, que no significa otra cosa que el reconocimiento de las arbitrariedades cometidas y el padecimiento de quienes se han atrevido o se atreven a levantar su voz y que han llevado o llevaran como 'pena' desde el silencio impuesto hasta la muerte."
A través de la historia, se podrá cuestionar todo lo actuado por Deolindo Bittel como a tantos políticos de ese momento. Pero este gesto, de poner lo que había que poner en la oscura noche de la dictadura, se merece el recuerdo de los argentinos.
* Publicado en Diario Diagonales (10 de septiembre)
A 30 años de un documento histórico
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