* Por Cintia Kemelmajer
“Un militante de su propia memoria” lo define la señora de cabello canoso y tupido, grueso, largo hasta casi llegar a la cintura. De ojos sinceros y achinados, acompaña cada frase que suelta de su boca con gestos de manos abiertas que intentan dejar lo más claro posible todo lo que dice. Sus palabras salen teñidas de años de militancia por convicción, compartidos con sus compañeros de la escuela secundaria, pero también del horror vivido en los años de plomo, cuando sufrió torturas como detenida desaparecida. Ella es Nilda Eloy, testigo de la misma causa en la que declaró Jorge Julio López, aquel “militante de su propia memoria”.
Lo explica con franqueza. Simple. “La desaparición del sujeto social fue una de las premisas de la dictadura genocida”. ¿Pero cómo se entiende, estando ya en democracia, la desaparición de Julio López? “Pasaron 36 años de los militares, pero 36 años de impunidad. Aún al año 2006 había 9 mil efectivos bonaerenses en actividad que estaban vinculados a delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. Y hoy sólo el 5% de los represores está identificado y procesado”. Nilda sigue disparando con balas sintácticas: “Lo de López como testigo clave y emblemático no es tan así”. El impacto resuena con vestigios de conocer al dedillo de lo que está hablando: “Jorge, en realidad, era un viejo terco y fundamentalmente un militante”, entiende.
López, vecino de Los Hornos, con nivel de escolaridad de segundo grado, vivió toda su vida de changas, haciendo trabajos de albañilería. Empezó a participar en la militancia a través de la unidad básica de su barrio, “relacionándose con las chicas de la universidad” -como él mismo decía- que se acercaban por planes de alfabetización y cursos de primeros auxilios. El 17 de octubre de 1976 fue secuestrado cuando cayó toda la unidad básica, estuvo seis meses desaparecido y dos años detenido en la Unidad nº 9. “Cuando salió, empezó su etapa de militancia. El sabía que alguna vez tenía que hablar, superar el miedo y su contexto familiar”, explica Nilda.
Desde que salió de cautiverio, Jorge adquirió una nueva práctica: “Escribir en cuanto pedazo de papel cayera entre sus manos”. Una y otra vez repitió el mismo relato, convirtiéndose en un militante de su propia memoria. La trabajó, no se permitió olvidar. “Por eso, cuando empezó a declarar en la causa Etchecolatz, llamó la atención la precisión de sus imágenes, él tenía todo hasta dibujado, marcó a cada compañero de cautiverio, y a cada uno de los responsables”.
La historia que escribió la ¿Justicia?
Nilda sabe cómo definirlo: “Hoy ya vamos por la tercera o cuarta desaparición de López. Desapareció en el ‘76, luego en 2006 -el día antes de condenar al represor Miguel Etchecolatz-, meses después desapareció de los medios de comunicación y de las agendas oficiales y no oficiales de los políticos del país en general, y ahora, se intenta desaparecerlo de la Justicia”. La indignación sobresale de sus palabras cuando increpa que “hasta fuimos testigos de procesos eleccionarios en donde nadie en su campaña lo nombró a López ni una sola vez”.
La desaparición judicial de López, explica Nilda, sufrió un proceso de profundización en los últimos siete meses, en los que la causa termina pareciéndose más “a un partido de tenis” que a una investigación. Es que pasó de la Justicia provincial a cargo del fiscal Marcelo Martini y la jueza de Garantías Marcela Garmendia, a la Justicia Federal, en la que durante 29 meses se mantuvo bajo las órdenes del juez Corazza, y luego de estar un tiempo sin juez ante la inhibición que presentó Corazza a seguir participando pasó al juzgado del juez Blanco. Pero, Casación Penal revocó la decisión de la Cámara Federal de Apelaciones que dispuso la instrucción del juez Blanco y ordenó que la investigación vuelva a la fiscalía de Franco, que ya manifestó no quererla.
“Nos duele reconocer esta parálisis y el sostenimiento de la impunidad por parte de la Justicia”, pronuncia Nilda, pero no se queda sólo en el reclamo. “Desde el colectivo Justicia Ya! vamos a volver a recurrir a la Corte Suprema (como cuando se inició la causa López) por “denegación de justicia”.
Jorge Julio López fue visto con vida por última vez el 18 de septiembre de 2006, al testimoniar ante la Justicia un día antes de que se condene a cadena perpetua al genocida Miguel Etchecolatz.
* Periodista - Extractos de la charla brindada en la Facultad de Humanidades el martes 15/10, organizada por las agrupaciones estudiantiles CAUCE, MES, Bondi Suteba, La Ciega y el Galpón de Tolosa.
Me llaman el desaparecido
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario