Por Alfredo Silletta *
“Roma no paga traidores" es una máxima que algunos se la atribuyen al cónsul Cepión y otros a Alejandro Magno.
El imperio romano, en el siglo III adC, comenzó la conquista de lo que hoy es Portugal en la península ibérica. Los lusitanos, durante décadas, se defendieron, especialmente en la época del caudillo Viriato, quien utilizaba la táctica de la guerrilla y producía un importante daño al ejército romano. La popularidad de Viriato llevó a que se firmara un acuerdo con el Senado romano que les permitió tener una moderada autonomía.
A pesar del acuerdo, los romanos querían eliminar a Viriato y en el año 139 adC, sobornaron a tres embajadores de confianza del líder, quienes lo asesinaron mientras dormía. De allí se fueron al campamento romano para cobrar la recompensa y el cónsul Servilio Cepión ordenó su ejecución, con la famosa frase de "Roma no paga traidores".
Perón, quien era un gran lector de los clásicos, utilizó en varios escritos el apotegma pero citaba a Plutarco, quien sitúa la historia en la llamada Conquista de Persia, cuando dos generales persas se presentaron a Alejandro el Grande para proponerle su ayuda en una traición contra su propio rey Darío. Dicen que Alejandro los escuchó y ordenó que los degollaran.
Perón siempre relataba dicha frase, para luego referirse a la lealtad en el movimiento justicialista y contaba que "hay dos clases de lealtades, la que nace del corazón que es la que más vale y la de los que son leales cuando no les conviene ser desleales. A esos también los aprovechamos en las circunstancias en que puedan servir. Así para nuestros enemigos queda el viejo refrán: "Quien da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde el perro".
Martín Redrado decidió traicionar al gobierno que lo había nombrado, luego de que el CEO de Clarín, Héctor Magneto, el vicepresidente Julio Cobos y toda la oposición saliera a respaldarlo y le "prometieron" su continuidad en el cargo si rechazaba el pedido de la presidenta.
La oposición, que sólo estaba interesada en debilitar al gobierno y en detener el uso de las reservas, le soltó la mano a Redrado cuando lo logró. Ayer, en la soledad del domingo, habrá estado pensando en el apotegma "Roma no paga traidores".
* Diario Diagonales - 25 de enero
Roma no paga traidores
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