Sabemos que no se equivocaba

martes, 27 de julio de 2010

Por Nicolás Carvalho*

"No sé quién fuiste, pero te jugaste. Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo, metiste a las mujeres en la historia de prepo, arrebatando los micrófonos", María Elena Walsh. Mujer, hija ilegitima, hija adulterina, pobre, recluida, escondida. Actriz, artista, política, sindicalista. Compañera fiel, crispada, cabecita negra, descamisada. Muerta joven, ultrajada.

Antes de convertirse en símbolo universal de toda lucha contra la injusticia, Evita fue una marginal. Su vida recorrió los rincones oscuros de una época infame, pensada para unos pocos. Acaso haya sido tanto sufrimiento el que templó el carácter con el que supo defender a los más débiles, ese mismo carácter que quedó plasmado en el símbolo y la imagen que representan la esperanza de los que aún padecen la exclusión, o son puestos en el lugar de lo otro, de lo indeseable, de lo peligroso.

En vida, propició y representó la consolidación del peronismo como movimiento revolucionario y transformador. Había entendido desde temprano que la lucha por los derechos sociales y laborales iba a ser despiadada y que, en caso de existir, la restauración conservadora seria furiosa desde las dos caras de los sectores dominantes: la oligarquía y el imperialismo. Sabemos que no se equivocaba. Sin embargo, las transformaciones del peronismo a la estructura social y económica de Argentina fueron tan profundas, que sus marcas no pudieron ser borradas jamás: como un país de industrias y sus trabajadores, como resistencia cultural ante el avance del neoliberalismo o como recuerdo de los tiempos felices.

Si la política económica del peronismo y sus leyes laborales sacó de la marginalidad a los trabajadores y los posicionó como sujetos sociales protagónicos, las leyes de género hicieron lo propio con las mujeres. Evita acompañó a Perón en la campaña electoral - hecho inédito hasta entonces -, lo acompañó en su gobierno y le dio su impronta, plasmada, entre otras cosas, en la declaración de igualdad política entre hombres y mujeres, en el marco de una universalización de derechos que incluyeron la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad compartida.

Como corolario, los nuevos actores de la vida pública nacional se organizaron. En efecto, las tres ramas del Partido Peronista (sindical, política y femenina) representaron subjetividades emergentes, nacidas desde los márgenes a partir de políticas específicas. Las corporaciones desplazadas - la iglesia, el ejército, la oposición oligárquica - despreciaban al peronismo.Toda vez que se intenta construir o agrandar la casa, los perdedores del proceso apelan a lo más oscuro del régimen decadente. Por ello la lucha de los sectores populares es siempre una lucha por la soberanía política, cultural y social, contra las corporaciones que ven mermados sus dividendos con el avance de los que antes representaban solamente un cálculo.

Algo así ha ocurrido en nuestro tiempo, con cuatro medidas impulsadas por la presidenta Cristina Fernández y Néstor Kirchner que claramente desplazan los márgenes e inquietan a los grupos de poder fáctico. En orden de aparición: retenciones a las exportaciones agropecuarias, ley de servicios de comunicación audiovisual, asignación universal por hijo, matrimonio igualitario.

La primera, porque supone una intervención directa del Estado sobre renta extraordinaria, y tiene efectos virtuosos sobre la distribución de la riqueza (equilibra la estructura productiva, desacopla precios internos, financia al Estado). La nueva ley de servicios de comunicación audiovisual, porque garantiza la libertad de expresión y la libertad de información, además de visibilizar a las minorías y a las nuevas formas de organización popular. La AUH, porque ataca la transmisión intergeneracional de la pobreza e incluye en los resortes del Estado (a través de la escuela y la salud publica) a miles de niños que viven en situación de exclusión. Por ultimo, la ley de casamiento igualitario, que garantiza los mismos derechos y el mismo reconocimiento del Estado para todas las formas de convivencia.

Son estas medidas, en el marco de un modelo de desarrollo inclusivo lo que las corporaciones de hoy repudian. Por lo demás, hoy como ayer, apuntan a los referentes del proyecto y su vida personal para quitarle complejidad y especificidad política al análisis del momento histórico.
Para los jóvenes, el actual proyecto de gobierno ha reinaugurado la dimensión temporal: hacia adelante, en la posibilidad de proyectar un futuro individual y colectivo. Hacia atrás, en la revisión de nuestra historia como pueblo, la recuperación de los símbolos e ideas que le dan identidad y el desafío de encarar nuevas síntesis históricas.

En ese contexto, cabe advertir sobre un deslizamiento hacia el margen del lugar que la sociedad otorga a los jóvenes en la actualidad. Si este deslizamiento es peligroso en el campo cultural (en el marco de una globalización individualizante y consumista), lo es mucho más cuando aquellos que tienen responsabilidades de gestión lo consideran el parámetro correcto para diseñar políticas especificas. Se produce cuando, por ejemplo, la palabra "menor", proveniente del campo jurídico, se utiliza para denominar a los niños, y así criminalizarlos. Se produce cuando se pretende modificar los límites de la niñez y de la adolescencia y convertir a niños y adolescentes en objetos de consumo. Se produce cuando la juventud es reducida a alguna de sus manifestaciones o formas culturales: flogger, emo o pibe chorro.

Queda entonces establecido que, jóvenes, no hablamos como "la juventud", pero sí para ella, en el anhelo que su inclusión en el campo social, económico, cultural y político se produzca en la comprensión de la complejidad de su realidad. De esa comprensión nos hacemos eco, en nuestro compromiso renovado con la historia y con el pueblo argentino.

Evita reaparece entonces con todo su peso. Evita, no como monumento, ni siquiera como recuerdo. Evita, a 58 años de su muerte. Evita, que dejó su vida y ofreció su nombre. Simplemente Evita, como bandera a la victoria.

*Nicolás Carvalho - Juventud Platense para la Victoria

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