Suerte, Sarda!

lunes, 30 de agosto de 2010

Por Daniel Dibene *

Este comentario nace de la esperanza. Durante los años ’90 el paradigma triunfante se apoyaba en conceptos efectistas como el “fin de las ideologías” y el entronizamiento de “la competitividad” como garantía del desarrollo con su falsa promesa de derrame. El darwinismo social de “la competitividad” daba al individualismo la excusa para menospreciar toda voluntad de cooperación.

En estos días se presentó una nueva teoría que corrige a Darwin. A cargo de Sarda Sahney sitúa al hábitat como clave en lugar de la competitividad. A aquella descripción del mundo donde los organismos luchan entre si por la supremacía y solo los más fuertes sobreviven, el equipo oriundo de la Universidad de Bristol (Inglaterra) antepone la disponibilidad de un ecosistema favorable como condición para la evolución. Sahney da ejemplos de cómo se desarrollaron especies al ocupar otros territorios a fin de evitar la competencia con otras especies en sus territorios de origen.

Si la clave de la evolución es el hábitat y no la supervivencia del más apto, quienes defendemos “otros valores” que no son los dominantes tenemos derecho a una sonrisa de las mas anchas. Porque entonces la “utilidad” de las acciones TAMBIEN está en el simple y mínimo hecho de generar las conexiones necesarias entre las personas, en la posibilidad de dialogar, asociarse. Sigo creyendo en los Foros de Seguridad por ejemplo, porque he visto en mi ciudad, La Plata, como permitieron a los vecinos conocerse y ponerse de acuerdo para reclamar por los problemas de su barrio.

La preponderancia del hábitat, que supone como definición la cooperación entre los individuos de la especie, el cuidado en la conservación del medio ambiente, me pone muy feliz recordarlo de los escritos de un gran maestro: Don Osvaldo Álvarez Guerrero. En “La economía ecológica de Georgescu-Roegen”, Osvaldo repasa las teorías expuestas en “La ley de la entropía y el proceso económico” publicado en 1971 por el autor rumano. Georgescu critica la concepción mecanicista del crecimiento económico ilimitado, que va desde las industrias a los hogares y viceversa, porque no incluyen los factores naturales. En su esquema el flujo de materia y energía proviene de las fuentes ambientales, pasa a través de las industrias y los hogares y se evacua al ambiente como residuos degradados y degradantes. No puede concebirse seriamente un sistema económico sin reconocer la existencia de ese flujo entrópico, cuyos cambios son irreversibles y cualitativos. Tanto en los países ricos como en los pobres las cuentas de la nación se calculan a partir de los bienes de capital, pero no teniendo en cuenta la depreciación de sus recursos. Un país puede agotar sus minas, talar totalmente sus bosques, erosionar o contaminar sus suelos, infectar sus aguas, terminar con su vida silvestre y con los recursos pesqueros, mientras sus cuentas nacionales solo registran crecimiento. Si Sarda y su equipo tienen razón, por más fuerte que sea el bicho en cuestión, no va a sobrevivir sin bosques, con el suelo contaminado y el agua infectada, sino se agrupa con muchos de su especie y encuentran un nuevo lugar apto para prosperar.

Durante los años ’90 el paradigma triunfante justicialista del “fin de las ideologías” hizo del país una mesa de saldos con oportunidades de negocios rentables y de ínfimo o nulo riesgo empresario a grupos de poder económico concentrado. Participaron grupos no nativos, básicamente acreedores que canjearon papeles devaluados por activos rentables, como internos, aunque éstos no fueran más que un puñado de beneficiados en los años precedentes por las políticas dominantes vía subsidios y promociones diversas. Muchos de estos últimos revendieron a su vez, dejando más de la mitad de nuestro aparato productivo enviando remesas al exterior en lugar de reinvertir en el territorio. Las consecuencias siguen vigentes porque todavía tenemos mucho por hacer para desmercantilizar el modo dominante de darse de las relaciones sociales, para separar la búsqueda del lucro como único motor eficaz de un funcionamiento efectivo de tareas sociales básicas como salud, educación, agua y cloacas y los demás servicios públicos, y generar una ampliación significativa de los derechos universales que constituyen la ciudadanía social como respeto por los derechos de usuarios y consumidores, derecho a un medio ambiente sano y tantos otros.

Suerte, Sarda. Que le surjan seguidores por todos lados. Mis respetos a Charles Darwin, pero la realidad es un poco más compleja. Cualquiera que vaya desde el Puente La Noria a Valentín Alsina bordeando el Riachuelo sabe a que me refiero. Vaya saludo para los que “siguen creyendo que desfacer agravios y enderezar entuertos es un disparate que vale la pena” como dice Galeano en el “Don Quijote de las paradojas”.


* Titular del Partido GEN La Plata


0 comentarios: